Aarón Escandell y una faceta que parecía dominada

La menor presencia del guardameta azul en el juego aéreo ha condicionado a la defensa desde la llegada de Almada, con especial impacto en Pamplona ante Osasuna

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Aarón Escandell
Lun, 19/01/2026 - 21:08

Desde la llegada de Guillermo Almada al banquillo del Real Oviedo, el equipo ha mostrado matices claros en su funcionamiento colectivo. Sin embargo, uno de los aspectos que más ha llamado la atención en estas primeras jornadas es el papel de Aarón Escandell en el juego aéreo y cómo su menor protagonismo en ese registro ha condicionado a la defensa azul.

El primer encuentro ante el Celta sirvió como punto de partida sin grandes exigencias. Escandell no realizó ningún despeje ni salida aérea, en un partido con bajo volumen ofensivo rival y apenas situaciones de área. No fue un problema entonces, pero sí marcó una tendencia, el portero pasó prácticamente desapercibido en acciones por alto.

El escenario comenzó a cambiar en Mendizorroza, ante el Alavés. El Oviedo concedió más centros y más presencia rival en campo propio, pero la respuesta aérea de Escandell volvió a ser mínima, un solo despeje y ninguno con los puños. A ello se sumó un error que terminó en disparo, reflejo de un contexto defensivo más incómodo, donde el guardameta no terminó de gobernar su área.

Ante el Betis, Escandell volvió a cerrar el partido con un solo despeje y cero intervenciones aéreas decisivas. Participó más fuera del área, incluso actuando como líbero en alguna acción, pero sin compensar la falta de autoridad en centros laterales y balón parado. La defensa tuvo que sostenerse sola, cada vez más hundida.

El partido ante Osasuna en El Sadar fue el punto de inflexión. El Oviedo recibió tres goles, dos de ellos con un denominador común, balones aéreos rematados por Budimir. Los datos son reveladores; cero despejes, cero salidas por alto y goles esperados evitados en negativo (-0,94). Escandell no dominó el área en ningún momento y el conjunto rojillo encontró en el juego aéreo una vía clara para castigar al Oviedo.

No se trata de señalar errores puntuales ni de responsabilizar exclusivamente al guardameta. La falta de presencia aérea del portero en estos partidos obliga a la línea defensiva a defender más cerca del área, multiplica los duelos, concede segundas jugadas y expone al equipo ante rivales que cargan el área con continuidad. En Pamplona, con Ante Budimir como referencia, esa debilidad quedó al descubierto.

El reto para el cuerpo técnico no pasa por cambiar nombres, sino porque el meta recupere su dominio del área. En una lucha tan ajustada como la del Oviedo, cada balón aéreo cuenta.