El Oviedo vuelve a sus orígenes: Intensidad, verticalidad y supervivencia

El cambio de discurso de Almada devuelve al Oviedo a una versión más práctica y aguerrida, similar a la del inicio de temporada con Paunovic, en un contexto marcado por la urgencia clasificatoria y la necesidad de competir

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Guillermo Almada, en su debut como entrenador del Real Oviedo en el Carlos Tartiere
Sáb, 03/01/2026 - 22:00

Las declaraciones de Guillermo Almada sobre la intensidad, las cargas de trabajo y la exigencia competitiva no surgen de la nada. En realidad, conectan con una idea que el Real Oviedo ya transitó al inicio de la temporada y que, curiosamente, coincide con los únicos momentos en los que el equipo logró ganar. En plena lucha por la permanencia, el Oviedo parece volver a sus orígenes más recientes.

El curso comenzó con Veljko Paunovic en el banquillo. Su etapa en Primera fue breve, apenas ocho jornadas, pero dejó una identidad clara. Aquel Oviedo fue un equipo más rocoso, de circulación limitada, que priorizaba la verticalidad, el duelo y el compromiso colectivo por encima de la posesión. No buscaba dominar desde el balón, sino competir desde el orden, la intensidad y la agresividad defensiva. No fue un periodo brillante en términos globales, pero sí significativo, las dos únicas victorias del Oviedo en lo que va de temporada llegaron con el técnico serbio, el 1-0 ante la Real Sociedad en la jornada 3 y el 1-2 frente al Valencia en la jornada 7. El resto del balance fueron derrotas, y la caída por 0-2 ante el Levante en el Carlos Tartiere acabó precipitando su destitución.

Tras la salida de Paunovic, el club apostó por el regreso de Luis Carrión, y con él llegó un cambio claro de modelo. El Oviedo pasó a ser un equipo con mayor vocación de elaborar, de sacar el balón desde atrás y atraer al rival para generar espacios entre líneas. La idea consistía en provocar saltos de presión para encontrar a los futbolistas de segunda línea, ganar metros con balón y ofrecer una propuesta más asociativa, más cercana al juego que tradicionalmente había conectado con la grada en la anterior etapa del catalán. Sin embargo, pese a un mayor control en algunos tramos, los resultados no llegaron. En sus ocho partidos al frente del equipo, Carrión firmó cuatro empates y cuatro derrotas, sin lograr ninguna victoria. El Oviedo ganó en intención con balón, pero no en puntos, y la falta de contundencia en las áreas siguió siendo un problema estructural.

La llegada de Almada ha supuesto un nuevo punto de inflexión. A la espera de resultados, (este domingo dirigirá su segundo partido tras el empate sin goles ante el Celta), el equipo ya ha mostrado señales evidentes de un regreso a una versión más práctica. Menos riesgos innecesarios, más orden, presión alta sostenida, intensidad constante y una idea muy clara; competir antes que gustar. El encuentro ante el conjunto gallego dejó buenas sensaciones colectivas, con un Oviedo reconocible, comprometido y agresivo en la presión, aunque volvió a evidenciar su principal déficit, la falta de gol.

No se trata de una elección estética, sino de contexto. El Oviedo es penúltimo, con la permanencia como único objetivo real, y necesita aferrarse a aquello que, al menos durante un tramo de la temporada, le permitió sumar de tres. Como reconoció el propio Almada en rueda de prensa, cambiar ideas en plena competición es complejo y la clave está en administrar cargas, elevar la intensidad y llegar a los partidos "con las baterías llenas". El Oviedo vuelve así a un camino ya conocido, más cercano al de la supervivencia que al del lucimiento y con una premisa clara; primero competir, después construir.