La contracrónica: Cuando el camino empieza a importar 'tanto' como el resultado
El empate ante el Betis dejó sensaciones compartidas entre vestuario y grada, con un equipo que compite, una afición que responde y un contexto que invita a creer en el proceso pese a la falta de victorias
La Liga
El partido entre Real Oviedo y Betis no se explicó solo desde el marcador. Se explicó desde lo que rodeó al encuentro y desde lo que quedó después. 25.549 personas volvieron a responder en el Carlos Tartiere, otra vez en un horario poco amable, a las 14:00 horas, de esos que no ayudan ni al ritual ni a la comodidad. Y, aun así, la grada estuvo. Estuvo antes, durante y después.
Durante el encuentro, el equipo encontró un respaldo constante. No hubo desconexión cuando el Betis manejó la pelota ni cuando el partido se movió en terrenos incómodos. Hubo aliento, empuje y una sensación compartida de que el Oviedo estaba compitiendo desde algo reconocible. El Oviedo no dominó siempre, pero sí transmitió esfuerzo, intensidad y compromiso, y la grada lo entendió así.
El gol de Ilyas fue una liberación colectiva, pero el empate final no rompió el vínculo. En lugar de reproches, llegó el aplauso. Un aplauso que no celebraba el resultado, sino el camino. El mismo del que habló el vestuario después, insistiendo en la fe, en el trabajo diario y en la convicción de que lo que se está construyendo necesita tiempo, constancia y unidad para dar frutos.
Esa lectura no fue exclusiva del lado local. También el técnico del Real Betis, Manuel Pellegrini, reconoció el buen partido del Oviedo y apuntó que, más allá de no haber ganado, la línea mostrada es la que deben seguir los azules. Un reconocimiento externo que refuerza la idea de que el equipo empieza a ser competitivo desde una base clara, incluso frente a rivales de entidad.
Sobrevuela, además, el contexto del mercado, inevitable en este tramo de la temporada. Salidas, llegadas y ajustes pendientes. Pero el equipo, mientras tanto, compite. Y la afición parece haber entendido que, más allá de lo que llegue en enero, hay una base que empieza a sostenerse desde la entrega y la identificación.
El Tartiere volvió a ser algo más que un escenario. Fue un punto de encuentro entre equipo y grada en una temporada exigente y llena de obstáculos. No se ganó, pero tampoco se rompió nada. Y en el momento actual del Oviedo, eso también cuenta. Porque cuando vestuario, afición y contexto empiezan a mirar en la misma dirección, el resultado, tarde o temprano, suele llegar.