La fiesta fue total en el Carlos Tartiere

29.826 espectadores tiñeron de color las gradas del estadio ovetense en un derbi asturiano cargado de fuertes emociones

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Oviedo
Julián Calero y los suyos celebran la victoria ante el Sporting de Gijón
Lun, 28/09/2026 - 10:53

Puede que anoche en el Carlos Tartiere cupieran uno o dos alfileres, pero no muchos más. Ayer, el estadio ovetense se convirtió en una auténtica olla a presión para vivir como se merece el derbi asturiano entre el Real Oviedo y el Sporting de Gijón. En total, 29.826 espectadores tiñeron las gradas del coliseo azul, una estampa que recorrió todo el país, convirtiéndose en el centro de atención del fútbol español.

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Durante más de dos horas, el Carlos Tartiere fue una fiesta. Lo fue al inicio para todos y lo fue al final para la gran mayoría, los de azul. En la previa, un himno de Asturias cantado a capela que retumbó en toda la comunidad autónoma. Junto a Guti, gaitero mayor de la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo, la bandera patria y la de Ceuta, en apoyo a la invasión que sufrió el pueblo caballa en las últimas semanas. El otro gesto solidario en común fue una pancarta portada por los dos conjuntos que rezaba: "Sigue jugando, somos un equipo", en favor de una campaña de prevención del suicidio.

Tras un atronador 'Volveremos' de Melendi, el 'Vamos Real Oviedo' de Javi Robles, el himno oficial azul y un deslumbrante tifo en el Fondo Norte con el Nuberu como protagonista, el ambiente durante el encuentro fue ensordecedor. A los cánticos incesantes de la hinchada oviedista, respondía en minoría la afición rojiblanca, representada en el fondo sur del Carlos Tartiere por más de 600 aficionados (algo más de medio centenar fueron devueltas al club carbayón a razón de más de 20 incidencias producidas durante el proceso de compra, según explica el Sporting de Gijón).

Durante el partido, tres momentos en los que el oviedismo se entregó a su equipo: el gol de Chris Ramos que arrancó la fiesta, el tanto de Enzo Pérez que puso el estadio patas arriba y un pitido final que desató la locura en el Carlos Tartiere. Y no fue efímera, no. Tras el encuentro, los jugadores del Oviedo, junto a un Julián Calero desatado, acudieron al Fondo Norte para la tradicional haka, antes de una vuelta de honor por el resto del estadio a la que se sumó Santi Cazorla. Antes, durante la previa, el de Fonciello fue un hincha más en el recibimiento al autobús azul en Alejandro Casona.

Ajenos a la tensión vivida en el terreno de juego y en los banquillos, que no fue poca, el palco de autoridades disfrutó con mucha más calma del derbi asturiano. Además de las directivas de ambos clubes, se dieron cita el presidente del Principado de Asturias Adrián Barbón; la delegada del Gobierno Adriana Lastra, y los alcaldes de ambas localidades, Alfredo Canteli y Carmen Moriyón, así como otras autoridades políticas. Nadie se lo quería perder.

Afortunadamente, no hubo que lamentar incidentes y todo se desarrolló con aparente normalidad, tanto dentro como fuera del estadio. La fiesta fue total en el Carlos Tartiere, con brindis final para la afición oviedista. El derbi asturiano se quedó en Oviedo.

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