Los diez minutos que están desangrando al Oviedo

Ocho partidos con goles encajados en el tramo final y varios puntos evaporados cuando el margen ya no existía

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Colombatto
Dom, 01/03/2026 - 21:52

Si algo explica la temporada del Real Oviedo no es la falta de competitividad, ni siquiera la distancia en muchos tramos respecto a sus rivales. Es el tramo final. Ese espacio entre el minuto 80 y el pitido final donde el fútbol se convierte en resistencia emocional, precisión defensiva y gestión del detalle. Ahí es donde el equipo azul está pagando un peaje demasiado alto.

La herida comenzó pronto. En la jornada dos, el 0-3 ante el Real Madrid en el Tartiere se rompió definitivamente en los últimos instantes: el 0-2 llegó en el 83 y el 0-3 en el 93. No cambió el resultado final en términos de puntos, pero sí dejó una primera señal de fragilidad en el cierre. En la jornada seis, frente al Barcelona, el 1-3 definitivo apareció en el 88. En la jornada nueve, ante el Espanyol, el 0-2 también llegó en el 82, cuando el partido aún mantenía un hilo competitivo.

Pero el problema dejó de ser estético cuando empezó a costar puntos. En Montilivi, jornada 10, el Oviedo ganaba 1-2 hasta el 83. El 2-2 llegó en ese minuto y el 3-2 en el 90. Dos puntos que se esfumaron en siete minutos. En la jornada 19, el Betis igualó en el 83 un partido que parecía controlado. Dos puntos menos. En El Sadar, jornada 20, el 3-2 definitivo llegó en el 92 tras un duelo que había estado abierto hasta el final. Otro punto que se escapó.

El patrón se repitió en Anoeta, jornada 25. El Oviedo vencía 0-2 y el empate comenzó a gestarse en el 87. El 3-2 llegó en el 90, antes de que el conjunto azul lograra rescatar el 3-3 definitivo. El daño ya estaba hecho. Y en la jornada 26, ante el Atlético de Madrid, cuando el empate parecía un desenlace justo, el 0-1 llegó en el 94 tras una contra que castigó el último detalle.

No es un accidente aislado. Son ocho partidos con goles encajados en el tramo final. En varios de ellos el marcador cambió radicalmente. En otros amplió una derrota ya existente. Pero en al menos cuatro encuentros, el impacto fue directo en la clasificación, puntos que volaron cuando el partido ya estaba en la mano o al alcance.

Lo más inquietante no es el número, sino la repetición. El equipo compite, genera, sostiene el pulso durante 80 minutos y en el tramo decisivo se rompe el equilibrio. A veces es un error puntual. Otras, una transición mal defendida. En ocasiones, una jugada a balón parado. Siempre el mismo desenlace, el detalle final cae del lado contrario.

En una temporada ajustada, donde cada punto es oxígeno, esos diez minutos se han convertido en un territorio hostil. No hablan de inferioridad estructural durante todo el encuentro, sino de gestión emocional, concentración extrema y capacidad para cerrar partidos. Y mientras esa asignatura no se apruebe, el crecimiento competitivo seguirá sin traducirse en resultados.