Un debut con exceso de ímpetu
Los tres primeros partidos de Nicolás Fonseca con el Oviedo dejan sensaciones interesantes, pero también una constante a corregir, la gestión del esfuerzo y las tarjetas en su proceso de adaptación a la categoría
La Liga
El Real Oviedo encontró en Nicolás Fonseca a su primer refuerzo del mercado de invierno. Una incorporación temprana, cedido por el Club León, pensada para sumar piernas, intensidad y sostén competitivo en el centro del campo. Y en sus tres primeras apariciones, el uruguayo ya ha dejado una señal muy clara, energía inmediata y un punto de exceso de ímpetu que, por ahora, se está traduciendo en amonestaciones.
Su debut llegó en Mendizorroza, ante el Alavés, donde disputó 17 minutos. Fue una primera toma de contacto breve, pero con rasgos reconocibles, participativo en corto (7 de 8 pases completados, 88%) y con presencia en zonas de ataque (3 pases en el último tercio), además de 15 toques para ir entrando en el ritmo del partido. En lo defensivo también dejó acción (1 intercepción) y, pese al poco tiempo, asumió duelos desde el primer instante. Ese punto de intensidad competitiva quedó reflejado en una amarilla que abrió una pequeña tendencia.
El segundo paso fue en el Tartiere, frente al Betis, esta vez con más continuidad; 34 minutos. Ahí se vio un Fonseca más expuesto al contexto del partido, con más intervenciones (22 toques) y una participación de pase más amplia, aunque con menor precisión (10 de 17, 59%) y un dato que llama la atención; 8 pérdidas. No es un juicio, sino un indicador típico de los futbolistas que entran con ritmo alto y quieren acelerar cada acción. También mostró capacidad para recuperar (2 recuperaciones) y para morder arriba (1 posesión ganada en el último tercio), pero volvió a cruzar la línea del riesgo y encadenó su segunda amarilla.
El tercer escenario fue El Sadar, ante Osasuna, en un partido de máxima exigencia física, donde jugó 20 minutos. En ese tramo, Fonseca ofreció una versión más eficiente con balón, 80% de acierto en el pase (8 de 10) y pleno en el desplazamiento largo (1 de 1), además de 21 toques. También tuvo carga defensiva, con 2 faltas cometidas, 1 despeje y 1 recuperación, con 5 pérdidas en un contexto de ida y vuelta. Y de nuevo vio tarjeta, es decir, tres amarillas en tres partidos, un dato que marca el gran foco a corregir en su adaptación.
Con el contexto ya encima de la mesa, el reto del uruguayo parece claro. Fonseca aporta piernas, agresividad y actitud para disputar cada balón, pero necesita ajustar el termómetro, elegir mejor cuándo saltar, cuándo temporizar y cómo gestionar los contactos para no vivir cada entrada al límite. En una categoría que castiga los excesos, esa evolución es casi obligatoria para ganar continuidad.