El Oviedo no aprendió la lección
Del Valencia al Levante, el mismo guion se repite: una victoria que invita a creer y una derrota inmediata que devuelve al equipo a su realidad
La Liga
Hay historias que en el fútbol parecen casualidad. Otras, cuando se repiten, dejan de serlo. Lo del Real Oviedo esta temporada ya entra en la segunda categoría. Porque lo ocurrido en el Ciutat de Valencia no fue nuevo. Fue, simplemente, una repetición.
En la primera vuelta, el conjunto azul firmó una de sus victorias más ilusionantes en Mestalla. Un triunfo que abría la puerta a un cambio de dinámica, a una reacción, a un punto de inflexión. Pero apenas unos días después, el Oviedo regresó al Tartiere y cayó ante el Levante. La ilusión duró lo justo.
Meses después, la historia se ha calcado casi al milímetro. Victoria ante el Valencia en el Carlos Tartiere, en un partido que volvió a alimentar la esperanza de que el equipo podía agarrarse a la permanencia. Y, de nuevo, en el siguiente paso, la caída. Esta vez en el Ciutat de Valencia, otra vez ante el Levante. Es decir, mismo rival, mismo contexto y mismo desenlace.
El Oviedo no logra encadenar, no consigue convertir una victoria en impulso. Cada vez que el equipo parece encontrar un punto de apoyo, lo pierde en el siguiente partido. No hay continuidad, no hay estabilidad, no hay crecimiento. Y eso, a estas alturas de la temporada, ya no es un detalle menor. Es una condena.
Porque el problema no es solo perder. El Oviedo falla justo cuando tiene la oportunidad de cambiar su rumbo, cuando necesita dar el paso, cuando puede engancharse de verdad a la pelea. La derrota ante el Levante no solo duele por los tres puntos. Duele por lo que significa, por lo que confirma, por lo que repite.
Que este equipo, cuando tiene que dar el salto, vuelve a caer. Y en una temporada en la que cada error pesa el doble, repetir los mismos fallos no es una anécdota, es un destino sellado.