Borja Sánchez y un año imposible de imaginar

El ovetense debutó en Primera división con el Real Oviedo el pasado verano y apenas unos meses después terminó buscando continuidad en el Lugo de Primera Federación

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Borja Sánchez
Vie, 22/05/2026 - 19:02

Hay temporadas que parecen imposibles de resumir. Y probablemente pocas historias reflejen mejor la crudeza y los giros inesperados del fútbol que la que ha vivido Borja Sánchez durante este último año.

Porque hace apenas unos meses el ovetense cumplía uno de los grandes sueños de cualquier futbolista formado en casa: debutar en Primera división con la camiseta del Real Oviedo. Ocurrió en Villarreal, en la primera jornada liguera de la temporada, en una noche que parecía una pequeña puerta de esperanza para reactivar definitivamente la historia entre el club azul y uno de los jugadores más queridos por la afición oviedista. Sin embargo, el fútbol rara vez entiende de relatos perfectos.

Apenas unos días después de aquella noche en La Cerámica, el Real Oviedo hacía oficial la salida de Borja Sánchez. Era una posibilidad que llevaba semanas sobreviviendo alrededor del club, aunque muchos aficionados todavía se resistían a creer que el futbolista ovetense terminaría abandonando definitivamente el equipo de su vida.

Porque Borja nunca fue un jugador cualquiera dentro del entorno azul. Ovetense, oviedista y con paso por la cantera del Real Madrid antes de regresar a casa, el atacante terminó construyendo durante años un vínculo muy especial con el Carlos Tartiere.

Tras debutar con el primer equipo en la temporada 2018/2019, fue especialmente a las órdenes del Cuco Ziganda cuando apareció la mejor versión del futbolista. El talento, la pausa y esa forma tan particular de entender el juego terminaron convirtiéndolo en "El Mago de El Requexón".

Borja dejó además momentos muy difíciles de borrar para el oviedismo, como aquel gol en El Molinón que decidió prácticamente una salvación en la campaña 2019/2020 o muchas tardes donde el Tartiere se rindió a su fútbol. Cerró finalmente su etapa azul con 156 partidos disputados, 16 goles y 16 asistencias.

Pero tras aquella despedida llegó el silencio. El ovetense pasó buena parte de la temporada sin encontrar destino -incluso se le relacionó con varios equipos de la categoría de plata- hasta que en el mercado invernal apareció la oportunidad del Lugo en Primera Federación. Un escenario muy distinto al que imaginaba apenas unos meses antes cuando todavía pisaba campos de Primera división con la camiseta del Oviedo.

Tampoco en Galicia terminó de encontrar continuidad. Borja participó en nueve encuentros con el conjunto lucense y acumuló únicamente 223 minutos. Además, en otros cuatro partidos se quedó en el banquillo sin disputar minutos y en uno ni siquiera entró en convocatoria.

Una realidad difícil de imaginar para un futbolista que durante años simbolizó buena parte del sentimiento del oviedismo y que parecía preparado para vivir por fin su gran momento en la máxima categoría.

Pero quizá el fútbol sea precisamente eso, una montaña rusa capaz de llevarte en cuestión de meses desde el sueño de debutar en Primera con el club de tu vida… hasta pelear simplemente por volver a sentirte futbolista.

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