Cronología de un día surrealista
De la advertencia sobre el césped a la suspensión a pocas horas del partido, pasando por comunicados, reproches institucionales y un regreso forzado a casa que abre un conflicto en los despachos
Rayo Vallecano
La jornada del sábado quedó definitivamente marcada por la suspensión del partido entre el Rayo Vallecano y el Real Oviedo, una decisión adoptada por LaLiga tras comprobar que el césped del Estadio de Vallecas no reunía las garantías mínimas para disputar el encuentro en condiciones de seguridad. La patronal priorizó la integridad física de los futbolistas después de varios días de advertencias sobre el estado del terreno de juego, agravado por las condiciones meteorológicas.
La suspensión llegó después de que la AFE y la plantilla del Rayo Vallecano denunciaran públicamente el mal estado del césped, una situación que ya había obligado al equipo madrileño a entrenar durante la semana en la Ciudad Deportiva. Pese a los trabajos realizados por el club local, incluido el cambio completo del verde, LaLiga consideró que el campo no alcanzaba el estado óptimo necesario y optó por cancelar el partido a pocas horas de su inicio.
Minutos después, el Real Oviedo reaccionó con un comunicado institucional en el que mostró empatía con la situación del Rayo Vallecano y respaldo a la decisión de priorizar la seguridad, pero expresó también su profundo malestar por los perjuicios deportivos, organizativos y económicos sufridos, al haberse producido la suspensión con el equipo y la afición ya desplazados. El club anunció entonces que estudiaría las vías reglamentarias necesarias para defender sus intereses y garantizar unas condiciones competitivas equitativas.
El tono se endureció con las declaraciones del director deportivo, Roberto Suárez, que calificó la situación de "vergonzosa" y cargó contra la competición, denunciando un trato desigual hacia los clubes recién ascendidos y alertando del impacto que una posible reubicación del partido podría tener en la igualdad competitiva. En la misma línea se expresó el presidente azul, Martín Peláez, quien en Radio MARCA confirmó que el Oviedo peleará para que el encuentro no se dispute y que los tres puntos recaigan en el conjunto carbayón, al entender que ha existido una gestión negligente del problema y reclamando además la devolución de los gastos ocasionados a los aficionados desplazados.
Mientras tanto, la primera reacción oficial del Rayo Vallecano se produjo horas más tarde y estuvo centrada exclusivamente en la gestión de las entradas. El club madrileño dio por hecho que el partido será reubicado, anunciando que los tickets adquiridos serán válidos para la nueva fecha, aunque también ofreció la posibilidad de solicitar la devolución del importe, una postura que choca frontalmente con la del Real Oviedo, decidido a impugnar la celebración del encuentro.
Con la suspensión ya confirmada, la expedición oviedista emprendió el regreso a Asturias por carretera y llegó al Carlos Tartiere pasadas las 16:00 horas, tras atravesar una intensa nevada en el Huerna. El equipo descansará este domingo y retomará los entrenamientos el lunes a las 10:30 horas en El Requexón, a la espera de que se aclaren los próximos pasos de un conflicto que ya ha trascendido lo estrictamente deportivo.
Más allá de cuándo o cómo se resuelva el caso, la suspensión en Vallecas deja una sensación difícil de borrar, entre otras motivos, por el modo y el momento en que se produjo. Con el equipo, la afición y los medios ya desplazados, el Real Oviedo vuelve a sentirse expuesto a un sistema que reacciona tarde y reparte los costes de forma desigual. Ahora, el balón ya no está en el césped, sino en los despachos. Y lo que está en juego no son solo tres puntos, sino la credibilidad de una competición que exige mucho y protege poco cuando llegan los problemas.