El margen no explotado del Oviedo de Almada
La mejora del equipo no fue suficiente en un tramo final en el que algunas decisiones dejaron margen para el debate
La Liga
La llegada de Guillermo Almada supuso un cambio evidente en el Real Oviedo. El equipo ganó en competitividad, en intensidad y en capacidad para sostener los partidos en un contexto complicado. Sin embargo, esa mejora no fue suficiente para cambiar el rumbo de la temporada. Y en ese margen, en lo que no llegó a ser, aparecen algunas claves que ayudan a explicar por qué el Oviedo no terminó de dar el paso definitivo.
Una de ellas tiene que ver con la gestión de Santi Cazorla. No tanto desde la crítica directa, sino desde la sensación de oportunidad no del todo aprovechada. El propio futbolista lo dejó entrever en su intervención en Radio MARCA Asturias, donde reconoció que su suplencia no respondía a una decisión consensuada: "No es nada consensuado el que entre desde el banquillo. Es una idea que él tiene". Una frase que, más allá del tono respetuoso, abre una lectura clara sobre su rol en el equipo.
Cazorla ha demostrado que, incluso en un contexto físico diferente al de sus mejores años, sigue siendo capaz de ofrecer algo distinto en el centro del campo. Pausa, criterio y lectura de partido en un equipo que en muchos momentos ha necesitado precisamente eso. Sin embargo, su participación no ha tenido continuidad como titular, y su impacto ha quedado condicionado por un uso más puntual, muchas veces desde el banquillo y en escenarios de partido ya muy definidos.
El debate no es tanto si debía jugar más o menos, sino cómo se podía haber aprovechado mejor su perfil. El propio Almada reconoció que la convivencia con otros centrocampistas como Alberto Reina era posible, incluso retrasando la posición de este último para permitir a Cazorla actuar por delante. "Probablemente pueden coincidir en algún momento", explicó el técnico, abriendo la puerta a una variante que apenas se ha visto.
Y, sin embargo, el precedente existe. En la jornada 5, en la derrota ante el Elche, el Oviedo de Paunovic mostró en el segundo tiempo una versión más reconocible precisamente con una estructura similar, con Dendoncker y Reina en la base y Cazorla por delante. El equipo mejoró, ganó claridad y rozó el empate en uno de los mejores tramos de juego del partido. Un ejemplo que refuerza la sensación de que había alternativas que podían haber tenido más recorrido.
Ahí es donde aparece uno de los grandes matices del paso de Almada por el banquillo azul. El equipo ha competido mejor, ha dado un paso adelante en muchos aspectos, pero no siempre ha terminado de encontrar todas las soluciones que el propio contexto ofrecía. En una temporada tan ajustada, esos pequeños detalles, esas decisiones que abren o cierran caminos, terminan teniendo un peso mayor del que parece.
Porque el Oviedo de Almada mejoró. Eso es innegable. Pero en Primera división, mejorar no siempre es suficiente. Y en ese margen entre lo que fue y lo que pudo ser, quedan algunas preguntas abiertas que ayudan a entender por qué el equipo nunca terminó de llegar a tiempo.