Santi Cazorla no se lo merecía

El capitán deja entrever su adiós en un final de temporada que no está a la altura de su legado ni del momento del club

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Santi Cazorla
Jue, 30/04/2026 - 21:14

Le quedan cinco partidos al Real Oviedo para cerrar la temporada. Cinco intentos más para aferrarse a un milagro que hoy parece improbable. Y pueden ser, también, los cinco últimos de Santi Cazorla con la camiseta azul. El capitán habló en El Requexón y, sin necesidad de decirlo de forma explícita, dejó una frase que pesa más que cualquier anuncio: la decisión ya está tomada y "todo tiene un principio y un final". Solo falta el momento. Suena a despedida y, en ese sonido, hay algo que incomoda.

Incomoda porque no es un final cualquiera. Incomoda porque hay trayectorias que merecen otro cierre, otro contexto, otra imagen. Y la de Santi Cazorla es una de ellas. Su paso por el Oviedo trasciende cualquier cifra, aunque las tenga: 84 partidos, cinco goles y momentos que ya forman parte de la memoria reciente del club. Como aquel zurdazo de falta ante el Almería que encarriló el camino hacia el ascenso o aquel penalti ante el Mirandés del 21 de junio. El que devolvió al Oviedo a Primera. Ese es su legado, el que no se discute y el que quedará por encima de cualquier resultado posterior.

Pero Cazorla no ha sido solo rendimiento. Ha sido identidad, liderazgo y sentido de pertenencia. Ha sido el futbolista que eligió volver cuando no tenía nada que demostrar y que asumió un rol que iba más allá del campo. El que entendió el club desde dentro y actuó en consecuencia. Por eso este desenlace no encaja. No por lo que pase en estos últimos partidos, sino por todo lo que ha rodeado a la temporada.

Porque si algo deja entrever el propio Cazorla es que el problema no ha sido de compromiso. "Hay que aprender en todos los sentidos… este año se ha perdido un poquito esa unión en momentos", reconoció. No es una frase casual. Es una lectura profunda de lo que ha fallado, y apunta más a la estructura que a lo que ocurre sobre el césped. Los jugadores han competido, han empujado y han respondido dentro de sus posibilidades. El ruido, en cambio, ha estado fuera.

Ahí es donde el foco debe girar. Esta temporada no ha estado a la altura de lo que exigía el regreso a Primera. No por falta de esfuerzo del vestuario, sino por una gestión que no ha sabido acompañar el momento. Decisiones que no han tenido continuidad, cambios que no han encontrado encaje y una sensación de falta de rumbo en fases clave del curso han terminado condicionando un proyecto que necesitaba estabilidad para crecer. Cuando el contexto no acompaña, el margen de error se reduce al mínimo. Y en Primera, eso se paga.

Por eso este final chirría. Porque no es solo una cuestión de resultados, sino de cómo se ha llegado hasta aquí. Cazorla no se merecía despedirse en este escenario, no después de lo que ha dado ni de lo que representa. Pero tampoco el club ha sabido construir un entorno a la altura de una figura así en un año que exigía precisión en cada paso.

Aun con todo, hay algo que no cambia. El legado de Santi Cazorla está por encima de este final. Está en el ascenso, en el ejemplo, en la manera de entender el fútbol y el Oviedo. Está en haber devuelto al club a un lugar del que nunca debió salir. Y eso no lo borra ninguna clasificación.

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