Los cinco retos del Oviedo de Almada
Gestionar ventajas, sostener el nivel competitivo y reducir errores decisivos marcan el tramo final de un equipo que aún está a tiempo de reaccionar
La Liga
La derrota ante el Athletic volvió a dejar una sensación muy conocida, el Real Oviedo compite, pero no termina de cerrar los partidos. Desde la llegada de Guillermo Almada, el equipo ha mostrado una identidad más reconocible, mayor intensidad y una propuesta valiente. Sin embargo, en el tramo decisivo de la temporada, el técnico uruguayo se enfrenta a cinco retos estructurales que pueden terminar por marcar el destino del curso.
El primero es evidente: gestionar la ventaja. El Oviedo se ha adelantado en ocho encuentros esta temporada y solo ha sumado nueve de los 24 puntos posibles. En seis de esos partidos no fue capaz de sostener el resultado. Ya no se trata tanto de falta de gol, sino de saber administrar el momento posterior al 1-0. En una lucha por la permanencia, convertir ventajas en victorias es una necesidad básica.
El segundo desafío es sostener el nivel durante los 90 minutos. El equipo ha ofrecido primeras partes competitivas ante rivales de entidad, con presión alta, transiciones rápidas y personalidad con balón. Sin embargo, las segundas mitades han mostrado una caída en precisión e intensidad. Más que un problema de propuesta, parece una cuestión de continuidad y gestión emocional.
El tercer reto pasa por reducir los errores decisivos. Penalti por mano ante el Athletic, goles desde fuera del área, acciones aisladas que terminan castigando. El Oviedo no está siendo ampliamente superado en muchos encuentros, pero sí penalizado por detalles concretos. Minimizar esas imprecisiones en ambas áreas es clave en un campeonato tan ajustado, no en vano, es el equipo de la categoría que más goles recibe en jugadas de estrategia.
El cuarto foco está en consolidar estabilidad defensiva. Las dudas en el eje, las dinámicas divergentes entre Carmo y Bailly, la lesión de Costas y la disponibilidad de Dani Calvo, obligan a Almada a encontrar una pareja fiable que transmita seguridad. No es solo una cuestión individual, sino de coordinación colectiva y lectura de partido en escenarios de máxima exigencia.
Por último, el quinto reto es gestionar el entorno. La suspensión de Vallecas, las protestas en el Tartiere, el clima de reivindicación y la presión clasificatoria forman parte del contexto. El equipo deberá convertir ese ruido externo, en la medida de lo posible, en energía competitiva y aislarse lo suficiente como para mantener claridad en los momentos críticos que actualmente vive.
Almada ha dotado al equipo de una identidad más reconocible. Ahora el desafío es convertir esa identidad en resultados sostenidos. Los cinco retos están sobre la mesa. El margen es estrecho, pero la temporada aún ofrece alguna oportunidad para corregir el rumbo.