Cuando eran diez, el Tartiere fue el once

La afición empujó a los azules tras la expulsión de Aldasoro y despidió con una ovación a un equipo que Calero sintió más unido que nunca a su grada

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Estanis Pedrola
Dom, 06/09/2026 - 21:08

El resultado no terminó de satisfacer a nadie. El Oviedo sigue sin ganar ni marcar en el Carlos Tartiere esta temporada, pero la imagen que quedó después del empate ante el Burgos fue muy diferente a la de una tarde de frustración. Los azules jugaron más de una hora con diez, buscaron la victoria hasta el final y encontraron una respuesta inmediata en la grada. El público empujó durante la inferioridad y, cuando terminó el encuentro, despidió al equipo con muchos aplausos. Calero resumió después esa sensación: "Me gustó la fusión con la afición, aunque estemos fastidiados de no ganar".

Hasta la expulsión de Aldasoro, el Oviedo había conseguido llevar el partido hacia donde quería. Presionaba arriba, acumulaba llegadas y obligaba al Burgos a jugar buena parte del tiempo en su propio campo. "Estábamos masticando al rival", explicó posteriormente Calero. La roja cambió por completo el escenario, pero no terminó con la ambición de un equipo que se reorganizó y, después de unos minutos de adaptación, volvió a mirar hacia la portería contraria.

Ahí comenzó a crecer también el Tartiere. La indignación con el arbitraje fue atronadora al descanso, pero el enfado fue dejando paso al respaldo a sus jugadores. El Oviedo aceptó el esfuerzo que exigía jugar con uno menos, pero no se conformó únicamente con proteger el empate. Jacobo tuvo una ocasión clarísima, Pablo Sáenz se encontró con el palo y Aarón apareció cuando el Burgos tuvo la suya. Cada esfuerzo encontró respuesta desde una grada que entendió lo que estaba viendo.

La sensación también llegó a quienes todavía están descubriendo lo que significa jugar en el estadio azul. David Jiménez debutó con la camiseta del Oviedo y lo hizo en unas circunstancias que difícilmente olvidará. "El equipo ha trabajado a un gran nivel durante los 90 minutos. La expulsión ha dificultado el ritmo del partido, pero a pesar de todo hemos dado un paso adelante", explicó a los medios oficiales del club. El lateral, que nunca había jugado en el Tartiere, fue todavía más explícito sobre su primera experiencia: "Ha sido un ambiente impresionante".

La lectura de Samu Rodríguez caminó en la misma dirección. "El equipo ha empezado muy bien, estábamos creando mucho peligro, la expulsión nos ha condicionado, pero el equipo se ha levantado, ha creído e incluso hemos tenido alguna opción para rematar el partido", señaló también a los medios del club. Una frase que explica buena parte de lo ocurrido; con diez, el Oviedo no dejó de creer y el Tartiere tampoco dejó de empujar.

Y todo ello ocurrió en una tarde que tenía otro foco antes de comenzar. El regreso de Jesús Martínez al Carlos Tartiere pasó prácticamente desapercibido. No hubo pitos contra el máximo accionista ni tampoco una reacción significativa de la grada, aunque tampoco apareció en el videomarcador durante el encuentro. La expectación que podía generar su presencia terminó diluyéndose por completo cuando comenzó a rodar el balón. El protagonismo estuvo sobre el césped y en las gradas.

Un empate en casa nunca puede convertirse en el objetivo de un equipo que quiere pelear en la zona alta, algo que el propio Calero reconoció después del partido. Pero no todos los empates dejan las mismas sensaciones. Al Oviedo le siguen faltando el gol y la primera victoria delante de su gente. Esta vez, al menos, encontró algo por el camino; un equipo dispuesto a rebelarse cuando el partido se torció y un Tartiere que reconoció el esfuerzo. La primera alegría tendrá que esperar; la conexión, esta vez, ya estuvo ahí.

 

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