El balancín rojiblanco: Ocho días de extremos en el Sporting

El cambio de cara del conjunto de Nicolás Larcamón despierta la incertidumbre en una afición que ovaciona la entrega y abronca la apatía. Todo en una semana

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Afición
La afición del Sporting en El Molinón, antes del partido frente al Eldense
Lun, 14/09/2026 - 09:33

El sportinguismo no encuentra el término medio. Los últimos ocho días reflejan un estado de inestabilidad proyectada por el rendimiento deportivo de un proyecto que, desde el minuto uno, había nacido con el objetivo más ambicioso posible. El Sporting de Gijón empezó su verano trasladando que la única pelea que vislumbraba es el ascenso a Primera división. Un discurso codicioso que se da de bruces con la realidad de una Segunda división ardua en días como el de ayer. El Molinón siguió montando en su balancín particular. Arriba y abajo. 

Ocho días y un mundo entre medias. El público de El Molinón es agradecido cuando tiene motivos para serlo. Lo fue ante el Girona. El Sporting cayó derrotado, pero se dejó todo para intentar evitarlo. Por ello, al término del choque, el estadio ovacionó a sus futbolistas por la entrega. No importaba el resultado. El modo, sí. Adelantando el calendario ocho días, la definición fue la misma. No importaba el resultado. 

El final de la primera parte ya barruntaba que el balancín había virado. El público, descontento con el juego y la entrega de los suyos, mostró su enfado con una pequeña pitada. El final del choque no cambió los ánimos. El gol del Eldense encendió más el enfado, aunque el detonante fue la imagen del equipo. Nada que ver con la entrega del día del Girona. Nada que ver con la lucha mostrada ocho días atrás. Y, de ahí, nada que ver la reacción del público. De la sonora ovación con una derrota bajo el brazo a la bronca generalizada con el mismo resultado final. Ocho días de diferencia. 

"No nos podemos permitir estos partidos. Sobre todo, por lo que veníamos construyendo. El nivel de exigencia es a tope. Cuando estás muy bien, dominas y ganas a cualquiera. Cuando no estás bien, cualquier equipo te hace pasar una mala tarde", explicaba Larcamón al término del choque ante el Eldense. El técnico argentino acumula cuatro partidos en casa y también ha vivido todos los estados. Enfado para empezar, alegría para continuar, orgullo para seguir y apatía para finalizar. Larcamón también sube en el balancín. 

Algo que también llega al vestuario. "Son cuatro partidos en casa y solo una victoria y esos puntos, a la larga, pueden pesar. Duele perder en casa con nuestra gente, pero esto es muy largo. El equipo está unido, pero es normal que la gente esté cabreada", añadía Juan Otero en zona mixta. El colombiano, desesperado por hacer la guerra por su cuenta  –"Ojalá pueda seguir corriendo, pero frente al portero o enfrentado a los centrales, y no a lo loco"– ejemplifica el desazón que sufre el vestuario del Sporting por un inicio de montaña rusa. Arriba y abajo. Abajo y arriba. 

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