El Oviedo paga ahora lo que no hizo antes
Los azules, que sumaron solo siete puntos en las diez primeras jornadas, reaccionaron tarde pese a mejorar con Almada y afrontan ahora una permanencia límite
La Liga
El Real Oviedo pelea hoy por un milagro que empezó a complicarse mucho antes de esta última derrota ante el Elche. La situación actual, a siete puntos de la permanencia con solo cinco jornadas por disputarse, no se explica únicamente por el presente. Tiene su origen en un inicio de temporada que ha terminado pasando factura en el peor momento.
Porque el arranque del conjunto azul fue demasiado débil. Apenas siete puntos en las diez primeras jornadas, con solo dos victorias y un empate, marcaron el rumbo de un equipo que nunca logró asentarse en la categoría. Ese déficit inicial, sumado a las 14 jornadas seguidas sin ganar, es lo que hoy obliga al Oviedo a una remontada prácticamente perfecta.
La reacción llegó, pero lo hizo tarde. No fue hasta la jornada 17, ya con Guillermo Almada en el banquillo, cuando el equipo empezó a competir de verdad. A partir de ahí, el Oviedo mostró otra cara. Empató ante el Celta (0-0), sumó en Mendizorroza frente al Alavés (1-1) y también ante el Betis (1-1), compitiendo ante rivales exigentes.
Sin embargo, incluso en ese crecimiento, el equipo siguió dejando escapar puntos que hoy pesan. Cayó en El Sadar ante Osasuna (3-2) en un partido que tenía encarrilado, fue superado por el Barcelona (3-0) y, tras vencer al Girona en el Tartiere (1-0), volvió a tropezar ante el Athletic (1-2) pese a adelantarse en el marcador.
El Oviedo también mostró capacidad competitiva en escenarios complejos, como el empate en Anoeta ante la Real Sociedad (3-3), o el punto sumado ante el Espanyol (1-1). Pero la sensación era siempre la misma: competir, sí, pero sin convertir ese rendimiento en victorias suficientes.
La mejor versión llegó por momentos en el tramo más reciente. Las victorias ante el Valencia (1-0), el Sevilla (1-0) y, sobre todo, el contundente triunfo en Balaídos frente al Celta (0-3) devolvieron la esperanza a un equipo que parecía reengancharse a la lucha por la permanencia.
Pero ni siquiera esa reacción bastó. Derrotas como la sufrida en el Ciutat de València ante el Levante (4-2), el empate ante el Villarreal (1-1) o el último golpe frente al Elche (1-2) han terminado por devolver al equipo a una realidad mucho más dura.
Y ahí está la clave. Cuando el Oviedo empezó a sumar de verdad, ya lo hacía desde una posición límite. Cada punto perdido tenía un peso mayor, cada error se pagaba más caro y cada oportunidad desaprovechada acercaba el final.
Ahora, el equipo afronta las últimas cinco jornadas con la obligación de rozar la perfección y mirando constantemente a sus rivales. Una situación que no se entiende sin mirar atrás. Porque el Oviedo no solo está pagando los errores recientes: está pagando, sobre todo, un inicio de temporada que le dejó sin margen.