El riesgo de dejarse ir para el Sporting de Gijón
La desafección social, la caída en la clasificación y el desgaste en lo individual marcan los 'peligros' del Sporting de cara a los cuatro partidos que restan para cerrar la temporada
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"Defender el escudo del Sporting". No es un objetivo menor ni mucho menos el que pronunciaba Borja Jiménez ante los peñistas en el encuentro mantenido en la jornada del martes. El entrenador del conjunto gijonés ejercía como portavoz de un vestuario debilitado tras la imagen ofrecida en El Molinón ante el Ceuta. El sentimiento generalizado de dejadez por parte del equipo escoció mucho a la masa social rojiblanca. Una muestra fue la indiferencia con la que se cerró el partido del pasado domingo. Un problema a mayores que tocará subsanar en los últimos partidos de temporada.
Sin objetivos ambiciosos en juego, el Sporting se juega otro tipo de cosas en las cuatro citas que le separan del final del curso. En el ambiente social, nada arregla el desánimo generalizado de la afición rojiblanca por volver a quedarse lejos de los objetivos fijados en verano. Pero proseguir con una mala recta final de año podría empeorar la situación y generar un caldo de cultivo nada interesante para el transcurso del verano. Ganar no aliviaría nada. Pero evitaría que el incendio fuera mayor de cara a uno de los veranos más decisivos para el Grupo Orlegi desde su llegada a Asturias.
Tiene la obligación el Sporting de no dejarse ir. A pesar de no tener nada en juego en términos de objetivos, la clasificación sí marca. No es lo mismo finalizar en 14ª posición que hacerlo en octava. Quizá a ojos del aficionado sí, pero a nivel de cuentas y a nivel de proyecto la cosa varía. Los ingresos televisivos varían en función de la plaza en la que el equipo termine la temporada. Tampoco es lo mismo trasladar un proyecto de cara al mercado viéndose en la mitad superior de la clasificación. Tampoco alivia nada. Pero ayudaría.

Quizá el riesgo más importante que asume el Sporting en los últimos cuatro partidos de competición pasa por el desgaste. En todos los aspectos. La plantilla se verá abocada a cuatro citas sin nada en juego, con el riesgo de que tardes como la del Ceuta se repitan. Un objetivo con el que se ha mentalizado el vestuario del Sporting tras lo vivido en El Molinón. "Es momento de sacar el orgullo. Seguimos defendiendo el Sporting hasta final de temporada y toca ser conscientes de ello. Aquí no vale relajarse, defiendes el escudo cada fin de semana. Tenemos que dar el máximo", decía Rubén Yáñez, uno de los capitanes al término del último partido.
En el camino final del Sporting, tres rivales con mucho en juego y una presumible cita intrascendente ante el Granada. Pero antes, el equipo gijonés será juez en la pugna por el ascenso con los partidos ante Málaga y Almería y tendrá mucho que decir en las opciones por la permanencia del Zaragoza.
Además de las sensaciones que dejen los jugadores en los últimos cuatro partidos, Borja Jiménez también afronta una recta final de temporada con más importancia de la que puede parecer. Su aterrizaje en el Sporting de Gijón le hizo ganarse un buen cartel a muchos niveles. Ya no solo en el sportinguismo. Su reactivación de la plantilla llamó la atención. Pero su caída también. Evitar el desgaste, no romper al completo su imagen y ganar fuerzas de cara a la próxima temporada será el objetivo de Borja Jiménez antes de afrontar su primer mercado veraniego en Mareo. Para no tener cosas en juego...