Lucas Ahijado y el reflejo de una idea de club
El lateral oviedista volvió a responder cuando la situación lo exigió, confirmando la necesidad y el deber de tener futbolistas formados en casa que aportan en todo tipo de contexto competitivo y emocional
La Liga
En momentos de dificultad, cuando el escenario aprieta y las soluciones no siempre llegan desde fuera, el Real Oviedo ha encontrado respuestas dentro. La reaparición de Lucas Ahijado en el once azul no fue una casualidad ni un gesto puntual, sino la consecuencia natural de tener futbolistas que entienden el club, el escudo y lo que exige competir en Primera división.
La temporada de Lucas ha estado marcada por los cambios de escenario. A comienzos de curso, fue Veljko Paunovic quien solicitó su renovación, valorando su fiabilidad y su utilidad dentro de una plantilla larga. Posteriormente, con la llegada de Luis Carrión, su protagonismo se diluyó, sin que ello respondiera a una cuestión de rendimiento. Ahora, con Guillermo Almada al frente, y ante la baja de Nacho Vidal, el canterano volvió a escena con naturalidad.
Los números respaldan su papel. Lucas ha disputado ocho partidos, seis como titular, acumulando 594 minutos, con una media superior a los 74 minutos por encuentro. En defensa, sus registros hablan de un futbolista competitivo y fiable; 57 duelos, con un 68% de éxito, 18 entradas ganadas, 22 recuperaciones y una notable capacidad para sostener el uno contra uno sin recurrir al exceso de faltas.
Con balón, su aportación ha sido coherente con su rol. Ha completado cerca del 77% de sus pases, combinando juego corto y sentido táctico, sin asumir riesgos innecesarios. No es un lateral de foco permanente ni de cifras llamativas en ataque, pero sí un jugador que entiende cuándo sumar y cuándo asegurar, algo especialmente valioso en escenarios de máxima exigencia.
Más allá de las estadísticas, el valor de Lucas reside también en el factor emocional. Es un futbolista que no reclama protagonismo, que acepta los cambios de rol y que responde cuando el equipo lo necesita. En una plantilla en reconstrucción, con ruido de mercado y urgencias clasificatorias, perfiles como el suyo sostienen al grupo desde la normalidad y el compromiso.
El Oviedo necesita competir cada partido como si fuera una final, pero también necesita reconocerse. Tener canteranos capaces de cumplir en Primera división no es un recurso sentimental, sino una herramienta estructural, un camino a seguir.