Los propósitos del Oviedo para 2026: Resistir, reencontrarse y creer

En pleno centenario y en una situación límite, el club azul encara el nuevo año con una idea clara, la obligación de acertar en el mercado y la necesidad de unidad para competir hasta el final por la permanencia

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Carlos Tartiere
Jue, 01/01/2026 - 10:50

El calendario cambia, pero la realidad no se disfraza. El 2026 arranca para el Real Oviedo en una situación límite, deportiva e institucional, en plena temporada del centenario y con la permanencia como único objetivo real. No es tiempo de promesas grandilocuentes ni de discursos vacíos. Es momento de fijar propósitos claros, realistas y urgentes.

Encontrar una identidad en mitad de la tormenta
El primer gran propósito del Oviedo para el nuevo año es tan básico como complejo: saber quién es en el campo. Con solo siete goles a favor en 17 jornadas y un déficit ofensivo evidente, el equipo necesita reconocerse en algo más que en la clasificación. La llegada de Guillermo Almada apunta un camino muy definido: un equipo físico, intenso, agresivo sin balón y solidario, capaz de competir incluso cuando no domina. El empate sin goles ante el Celta en el Tartiere no resolvió el problema eterno del gol, pero sí dejó algo fundamental; una idea y una actitud reconocible desde el primer día.

Dar estabilidad a una idea en pleno incendio
Tres entrenadores en 17 jornadas explican por sí solos el caos de la temporada. Por eso, el segundo propósito no pasa por volver a empezar, sino por sostener. El club ha apostado fuerte por Almada, el técnico más exitoso de la historia del Grupo Pachuca, incluso pagando traspaso al Valladolid a mitad de curso para traerlo. Una decisión que generó dudas en parte de la afición, pero que marca un punto de no retorno, ahora toca respaldar una idea, darle tiempo y coherencia, y no caer de nuevo en la tentación del volantazo constante.

Acertar en el mercado, una obligación
En este contexto, el mercado de invierno se convierte en una cuestión de supervivencia. No hay margen para el error. El Oviedo ya ha iniciado movimientos, con salidas importantes y llegadas que responden al perfil que busca Almada, pero el verdadero reto será acertar. No se trata de acumular nombres ni de tapar huecos a corto plazo, sino de incorporar futbolistas que eleven el nivel competitivo desde el primer día y se adapten a una idea clara. Cada decisión cuenta. Cada fichaje debe sumar de inmediato. 

Reencontrarse con el Tartiere
En medio de la crisis, el comportamiento de la afición ante el Celta dejó un mensaje poderoso. El Tartiere estuvo con el equipo durante los noventa minutos, empujando incluso en la dificultad. Hubo crítica, sí, pero desde el respeto y la conciencia del momento. La pancarta de Symmachiarii "Más fútbol y menos negocio" antes del inicio y los cánticos finales de "Directiva, dimisión", centrados en la figura del director general Agustín Lleida, reflejan malestar, pero también madurez. El propósito aquí es claro: unidad en la exigencia, apoyo al equipo y responsabilidad institucional para no romper un vínculo imprescindible en las 21 finales que decidirán el futuro del club.

Mejorar la comunicación y cerrar filas en el centenario
El cuarto propósito es institucional. El Oviedo vive un desgaste evidente en su entorno social, con críticas crecientes al Grupo Pachuca y una sensación de desconexión que el club debe afrontar con más transparencia y empatía. No se trata de esconder errores ni de silenciar la crítica, sino de explicar mejor, escuchar más y entender el contexto emocional de un centenario que no está siendo todo lo festivo que debería. En situaciones límite, la comunicación también compite.

Competir hasta el final
El último propósito no admite adornos; salvar al Real Oviedo. Con 11 puntos, penúltimo y a cinco de la permanencia que marca el Valencia, cada partido es una final. La primera, este domingo ante el Deportivo Alavés, rival directo y escenario perfecto para empezar a creer de verdad. No hay margen para rendirse ni para mirar más allá. Solo para competir, resistir y llegar vivos a primavera.

El 2026 no promete felicidad inmediata al oviedismo. Promete lucha. Y, en este contexto, ese ya es un propósito suficiente.